Quito de los Siglos XVI y XVII: poder pastoral y expansión capitalista

Dos investigadores, Carlos Espinosa y Valeria Coronel, fueron los nuevos lectores de un conjunto de cartas que escribieron jesuitas entre 1580 y 1660. Se trataba de una muestra de resultados de investigación que se realizó 5 siglos después de escritas las cartas y que recibió una veintena de asistentes convocados por una invitación que titulaba “Cartas jesuitas, poder pastoral y Foucault”. Espinosa evidenciaba cierta inconformidad o molestia con el retraso de su colega, el auditorio estaba un poco vacío, pero el lugar medianamente se pobló, ella llegó, él sonrió y el asunto comenzó.

Carlos Espinosa, el primero en intervenir, destacó que estas cartas nunca antes en la ciudad de Quito. Estas cartas eran leídas en Roma en conventos, buscaban sus autores exaltar el espíritu de jóvenes sacerdotes para que emprendiesen nuevas misiones, por lo que su contenido debe ser interpretado en ese contexto. De cualquier modo dan nutridos relatos de la empresa de cristianizar Quito y las técnicas que sirvieron en ese empeño habían sido revisadas y que constituyen una fuente de mucho valor a la hora de entender el proceso de evangelización, 

En su exposición hubo una rica referencia a qué significó el concilio de Trento en Europa en la doctrina y técnica de cristianización llevada a cabo por los jesuitas en esta ciudad. En un inicio llegaron los sacerdotes franciscanos planteaban que los indios eran inocentes y bastaba el bautizo para incorporarlos a la cristiandad. Después de Trento, los jesuitas imponían un régimen sacramental en el cual la confesión, la penitencia en cuaresma, los ejercicios de San Ignacio de Loyola y la práctica de cofradías eran un conjunto de etapas necesarias incluso para los nuevos cristianos de las indias. El ejercicio de la confesión un examen periódico de las creencias de los individuos y era realizado multitudinariamente en la Iglesia de San Francisco. La penitencia de cuaresma da inicio a la actual procesión de Jesús del Gran Poder. Los ejercicios de San Ignacio de Loyola, constituían en prácticas en las cuales se les hacía a los individuos pensar en cómo era el infierno, de tal forma que entendieran los peligros de una vida de pecado. La eucaristía era defendida por los jesuitas, quienes en contradicción con otras interpretaciones que afirmaban que los indígenas eran demasiado inmaduros para aceptar el cuerpo de cristo, defendían que comulgar asentaría su fe. Las cofradías consistían en grupos de oración cristiana, pero en el caso colonial las cofradías se diferenciaban por el rango social y pertenencia racial de sus integrantes.

En opinión de Espinosa, en Quito prevaleció una evangelización tabula rasa porque no había un antiguo régimen con un conjunto de creencias claro y centralizado con el cual mezclar el nuevo credo. Mientras en el Virreinato del Perú, la sobreposición sobre el antiguo imperio inca implicaba la necesidad del sincretismo religioso, en el caso del Quito, no existía ese antiguo imperio. Quito era un lugar de encuentro para la realización de intercambios comerciales, pero no existía un poder político claro y centralizado. Por tal razón, las técnicas de evangelización de los jesuitas –al menos durante ese período- habrían hecho caso omiso de antiguas creencias y habrían impuesto el credo cristiano radicalmente.

Seguidamente, Valeria Coronel comenzó su intervención reflexionando sobre cómo las cartas daban cuenta la forma en que se inculcó al trabajo como virtud en la evangelización. Al ser Quito, como se señaló anteriormente, un mercado de encuentro de personas procedentes en distintos lugares a hacer comercio, existía un centro poblado pero muchos de sus familiares vivían esparcidos en el campo. Con el paso del tiempo se genera un proceso de llegada  de campesinos a Quito en el que los sacerdotes intervienen. Existe una libertad natural que autoriza a los individuos migrar hacia el centro poblado, sostienen los jesuitas, pero en este proceso es necesario que no se inclinen al vicio de la mercancía, a las prácticas inmorales que conlleva la mercancía. Lo que se promovía a través del evangelio, por el contrario, eran prácticas morales respecto a la mercancía: concretamente el trabajo. El trabajo, defenderán los jesuitas es el medio a través del cual la persona alcanza la salvación. Valeria Coronel mencionó haciendas donde en el coro de la Iglesia, en la parte superior, existían telares donde las personas trabajan mientras se realizaba el culto. Logrando que la relación entre salvación ultra terrena y trabajo se experimente corporalmente.

La siguiente noticia que trajeron estas cartas fue el rol de los jesuitas en la expansión mercantil en la Amazonía. Los jesuitas narran en las cartas el trabajo que realizaron para incorporar esta gran mercancía y humanidad al sistema global. Para esto hacen una suerte de antropología de las distintas agrupaciones indígenas de la actual Amazonía ecuatoriana y comienzan a establecen distintos mecanismos de contacto e intercambio con ellos. Las cartas narran un momento en que no existe un alto nivel de explotación económica, pero sí de impresionantes intentos de contacto.

Particularmente fui muy atraído a la exposición para escuchar sobre personas que estén interpretando momentos históricos en el Ecuador a partir de la concepción de poder pastoral de Michel Foucault. Creo que el análisis del régimen sacramental no hace necesariamente una profundización del poder pastoral. Pero creo que si es una aproximación justamente a cómo ciertas prácticas sobre el cuerpo de las personas lo disciplinan, sobre cómo se transforma el espíritu a través del cuerpo. Es decir, desde mi perspectiva, es una interpretación muy cercana al análisis de Foucault del poder disciplinario (más que al poder pastoral), me gustó mucho.  Espinosa dijo que el poder pastoral es una entrada interesante pero no lo suficientemente desarrollada. Respecto a la exposición de Valeria Coronel: el análisis de ingreso de la Amazonía a la expansión capitalista creo que pudo justamente opacó el análisis del poder pastoral. Sentí que se les expuso a los jesuitas como unos agentes de racionalidad económica pura, pero justamente lo que a mi parecer enriquece la aproximación del poder poder pastoral es la detallada búsqueda de una racionalidad cristiana de gobierno, que es distinta a la racionalidad económica.

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