Encadenar a los perros en espacios públicos, dominar la naturaleza

El otro día un amigo se alegraba en medio de la muerte de su tía abuela. Fue la oportunidad para que la gran familia ampliada se llegara a conocer, primos, primos segundos, tíos, tíos políticos, abuelos, tíos abuelos. Lamentaban reconocerse frente al ataúd, pero no podían ocultar la satisfacción de darse cuenta qué tan extensa y variada es su familia. Pero mi amigo, visualizando el árbol genealógico, notó una particularidad: las nuevas generaciones tenían muy pocos hijos respecto a las generaciones antiguas, pero tenían muchos perros, de hecho se presentaban así “yo soy Pedrito Pérez, tengo un hermano, dos perros, Saskia y Jack”.

Al parecer, ahora tenemos excusas modernas para no tener tantos hijos (economía, tiempo, carrera profesional, espacio, etc.) pero necesitamos otras formas de entregar nuestro amor o al menos no estar solos en medio de la muchedumbre de la ciudad: las mascotas. A pesar del lugar importante que ocupan las mascotas en nuestras vidas, de casi familiares, el Municipio de Quito expidió una ordenanza que en mi opinión las deprime inmensamente: en el espacio público las mascotas deben estar encadenadas (Art. 28 Ordenanza No. 48).

Todos sabemos que los perros disfrutan gozosamente los espacios abiertos pero, por nuestro cariño o necesidad, los tenemos dentro de pequeños metros cuadrados en casas y departamentos de la ciudad. Pero el momento en que salen a espacios abiertos urbanos, si corren, si se mojan en el agua acumulada por la lluvia, si se huelen con otros perros, o se revuelcan en la caca de las vacas ellos desbordan en su felicidad.

Pero claro, siempre existe el padre, el amo o el temeroso que cuando ve un perro suelto mira severamente al perro y al dueño del perro. “¿Acaso no ha visto usted como los perros han matado niños?”. Existe un riesgo mínimo de que ataques fatales o muy graves sean provocados por los perros. Existe más riesgo de que un policía use abusivamente su arma de dotación y mate a un ladrón de billeteras, a que un perro muerda sanguinariamente a una persona, sin embargo a ellos no les quitamos las armas, a los perros les encadenamos.

Segundo argumento,  “¿Cuánta gente tiene terror a los perros y no puede correr tranquila en el parque porque andan sueltos?” Un perro suelto es una oportunidad muy cercana para que las personas que tienen miedo a los animales se den cuenta que los seres humanos no tenemos que dominar a la naturaleza, sino que convivir ella. Entender que si vemos a un animal suelto el siente nuestro miedo o nuestra tranquilidad, entender que no hay que provocarlo, entender que no está escrito en ningún lado que nuestra existencia está por encima de la de él, entender que un perro puede ser muy cariñoso con un extraño adulto o niño, entender que el perro está siendo feliz andando suelto, entender que pisar la caca del perro es solo pisar la caca del perro.

Si cambiamos ese artículo de la ordenanza lograríamos algunas cosas. 1. Que las personas que tienen miedo a los perros crezcan y abandonen un temor infundado 2. Que los perros no estén condenados a tener una vida de encierro y encadenamiento, que significa tristeza. 3. Que los dueños de los perros podamos dar una vida de alegría a nuestras mascotas, lo que de fondo nos alegra.

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