El uso creativo del periodismo y el derecho

La crónica, el uso creativo del derecho y la teoría crítica del derecho son estrategias para ser periodista y abogado sin embargarse a uno mismo.

 

-Es una revista donde los propietarios son afroamericanos,

el director es afroamericano y casi todos los periodistas

 somos afroamericanos- dijo Fate

-¿Es eso posible? –dijo Chucho Flores-, ¿es eso bueno para el periodismo objetivo?

2666, R. Bolaño

 

El periodismo y el derecho son dos de esos lugares donde la verdad es tan hija de la violencia. En el primer caso los periodistas deben narrar acontecimientos que consideran socialmente relevantes y, por defecto, deben descartar otros que consideran irrelevantes. La selección que ellos hagan provoca de por sí un señalamiento de todas esas historias personales y colectivas que no merecen ser mencionadas. En palabras de Martín Caparrós:

El periodismo de actualidad mira al poder. El que no es rico o famoso o rico y famoso o tetona o futbolista tiene, para salir en los papeles, la única opción de la catástrofe: distintas formas de catástrofe: distintas formas de muerte. Sin desastre, la mayoría de la población no puede (no debe) ser noticia.

La información (tal como existe) consiste en decirle a muchísima gente que le pasa a muy poca: la que tiene poder. Decirle, entonces a muchísima gente que lo que debe importarle es lo que les pasa a ésos.

De modo extremadamente cercano los jueces –en aplicación de leyes creadas por poderosos- también dicen a la población que el interés de ellos es el interés de todos. El interés de proteger la propiedad intelectual de las farmacéuticas conlleva el interés nacional de que se siga investigando en la salud de toda la población. El interés de proteger la ganancia de los empresarios conlleva el interés nacional de que exista una económica saludable. El interés de extraer petróleo y minerales conlleva el interés nacional de salir de la pobreza. El interés de encarcelar a quienes protestan contra las empresas conlleva el interés nacional de que exista paz social.

Pero en el periodismo y en el derecho existen quienes se han planteado formas de entender su quehacer y entenderse a sí mismos a partir de estrategias diferentes. Sin ánimo de ser exhaustivo, me atrevo a afirmar que la crónica, el uso creativo del derecho y la teoría crítica del derecho, son formas de escape en las que periodistas y abogados asumen para dar un giro a su profesión y tienen interesantes analogías.

Il salto della quaglia, Mirkana G. Andel, Flickr, 2011
Il salto della quaglia, Mirkana G. Andel, Flickr, 2011

Los comunes en escena

En el derecho existen numerosos colectivos de abogados que han decidido reivindicar ante los tribunales los derechos de quienes no son los poderosos a través del uso creativo del derecho. Estos abogados –entre en los a veces me incluyo- saben que las normas jurídicas tienen doble filo porque las normas reconocen luchas sociales históricas (como los códigos laborales), porque pese a que existen leyes injustas existen derechos humanos para contra restarlas, y además, porque no todos los poderosos tienen el mismo nivel de influencia sobre los jueces que deciden una controversia. Existen además, abogados que reivindican incluso los derechos de más improbable defensa. Pretenden con mucha valentía detener un proyecto extractivista o detener un tratado de libre comercio cuestionándolo ante un tribunal.  Este entendimiento complejo de la realidad y uso creativo del derecho que a veces da resultados y que además permite poner los intereses de personas comunes en escena.

La crónica es un género que permite relatar historias desafiando también la tendencia del periodismo dominante a contar sólo las historias de los poderosos. En un reciente libro de crónicas (Antología de crónica latinoamericana actual, Alfaguara, editada por Darío Jaramillo Agudelo) disfrute hasta el sufrimiento del relato de Andrés Solano de su experiencia de vivir 6 meses con el salario mínimo en las periferias de Medellín. Solano transmite con transparencia la vivencia empedrada de quienes tienen que contar con cuidado hasta los últimos pesos de sus salarios, pero al mismo tiempo, transmite en qué medida su limitada capacidad de consumo le abrió la posibilidad de disfrutar de la gente y de sí mismo. Fue predeciblemente inspirador, pero sobretodo progresivamente intrigante la forma en que Leila Guerriero cuenta la historia de René Lavand, un mago que con una sola mano realiza los trucos mágicos más complejos. La cronista no se limita a contar una historia de superación, sino que pasa a describir una persona compleja que trasciende su discapacidad y su magia, una persona que tiene una particular mirada de su familia, de sus admiradores y de sí mismo. También disfrute del vértigo que existió en la historia que relata Martín Caparrós sobre una persona transexual de una comunidad indígena al sur de México, que no sólo viven su decisión corporal y sexual, sino que atraviesa desafíos artísticos, culturales y políticos viviendo su vida al máximo.

En estas narraciones se observa cómo la crónica desafía a idea de quienes son los protagonistas de las noticias y tiene la capacidad de encontrar el carácter poético de individuos, lugares, éxitos o fracasos comunes. Las personas comunes no necesitan ser poderosas, ni tampoco morir para existir en la crónica. Precisando la idea Guerriero anota que la potencia de la crónica no pasa en lo decisivo por encontrar la pobreza o la miseria, una buena crónica está en incontables espacios, en espacios comunes. Ese giro en la mirada del periodismo que implica la crónica hace que ella tome postura, de nuevo Caparrós:

La crónica se rebela contra eso cuando intenta mostrar, en sus historias, las vidas de todos, de cualquiera: lo que les pasa a los que también podrían ser sus lectores. La crónica es una forma de pasarse frente a la información y su política del mundo: una manera de decir que el mundo también puede ser otro. La crónica es política.

En la crónica y en el uso creativo del derecho (que realizan muchas organizaciones de derechos humanos y lo llaman también litigio estratégico) tienen esto importante punto de convergencia: ambos ponen en escena a personas comunes.

Feira Franca Pontevedra 2010-4546, Foxspain Fotografía, 2010
Feira Franca Pontevedra 2010-4546, Foxspain Fotografía, 2010

El autor en escena

Siempre que la crónica entra en debate, señala Villanueva Chang, la crítica a la crónica “empieza declamatoriamente en la ética y acaba siempre en las finanzas, una desconfianza no tanto de los lectores o el público sino más propia del negocio de la prensa y sus gerentes”. Efectivamente, los dueños de los diarios no quieren pagar para que los escritores tomen el tiempo de hacer una crónica, ni quieren dar el espacio que podría ser cubierto por publicidad ¿Pero, más a más del asunto financiero, cuál es la crítica ética a la crónica?

La crítica reside en que la crónica carece de objetividad.  Al ser escrita en primera persona la crónica se enfrenta la idea de que exista un periodismo de “escritura transparente”. En el libro al que me refería, se develó la existencia de un sujeto-escritor que en Medellín se le quiebra la columna al cargar cajas de ropa, que en México coqueta y ríe con las vendedoras del mercado y se frustra un poco cuando al intentar desarrollar conversación con la esposa del mago es rechazado. En la crónica se devela la existencia de un autor que se posiciona positiva y/o negativamente frente a lo que mira, se alegra o se frunce. La escritura en primera persona en la crónica por un lado dota de realismo al escrito, pero por otro, disminuye su capacidad de ser la única mirada y verdad posible.

Existe una gran paradoja. Mientras el reportero promedio llega al lugar de los hechos, toma dos testimonios sobre lo ocurrido e informa a la opinión pública que fue realmente lo sucedido, el cronista tiene una experiencia distinta. En el lento transcurso de su trabajo puede llegar a establecer una relación con la persona que protagoniza su crónica, pero en varias ocasiones, lo único que está constatando es que esa persona tiene una historia y una profundidad de la que –por extendido que sea su escrito- sólo logrará sacar una fotografía. Es decir, logrará captar un instante. La crónica muestra al final, la fragilidad del periodismo y eso, a quienes manejan la información, no gusta.

En el ámbito del derecho hay quienes también muestran la fragilidad del mismo. En general, los abogados que realizan un uso creativo del derecho tienen una débil capacidad de criticar o analizar esta fragilidad. Además, si la tienen se la callan. Es que si quieren que se respeten las normas jurídicas no pueden criticarlas demasiado: a los jueces no les agradaría ello. Pero existe un grupo creciente de juristas que realizan una aproximación teórica crítica al derecho y muestras sus flaquezas.

La teoría crítica muestra que los creadores de normas jurídicas también tienen una concepción subjetiva de la realidad y que un juez en la interpretación de una norma desnuda su concepción de la sociedad. Pero va más allá, también ataca a las estructuras teóricas que con el paso del tiempo parecen técnicas y neutrales. La teoría crítica busca entender cómo la conformación de la neutralidad de la ciencia del derecho se basa en la existencia luchas y dominación, intenta indagar como el refinamiento teórico del derecho es el eco de confrontaciones antiguas donde existieron ganadores y vencidos.

Esta analogía que propongo es más sutil, pero la defiendo. Se trata del aparecimiento del autor del periodismo y en el derecho. La crónica reconoce la existencia del autor, lo que la hace menos infalible pero le hace ganar realismo. La teoría crítica del derecho también devela la existencia de un autor del derecho con intereses personas como el legislador o el juez, y además, muestra la construcción de una teoría jurídica de ocultas pasiones.

Existe en estas analogías, sin embargo, una importante distinción. La crónica, a pesar de la sospecha que tiene desde ciertos medios de comunicación, encuentra múltiples formas de salir a la superficie a través de sitios de internet y libros que se realizan sobre crónica. Algo similar sucede con la teoría crítica del derecho que, a pesar de tener importante opositores que “la encuentran ideologizada y no objetiva”, cuentan los medios de publicación electrónicos, conferencias y libros en los que es difundida. El litigio de los abogados que hacen un uso creativo del derecho, especialmente en casos radicales, tiene que pasar por embudos más centralizados como son los altos tribunales de justicia en los distintos países. Esto hace especialmente dificultoso su trabajo.

Aunque la medida del éxito sea fluctuante, es estimulante encontrar cómo en distintos ámbitos del saber cómo el periodismo y el derecho las personas tienen sed por encontrar estrategias para reconocer la vida de las personas comunes y desmarcarse de las hipocresías de su profesión. La crónica, el uso creativo del derecho ante los tribunales y la teoría crítica del derecho implican vivir al “margen” en el periodismo y el derecho, respectivamente, pero pensaría también que implican vivir en el centro de la existencia: en directa relación con las personas y conscientes de que nuestro quehacer el define quienes somos.

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