Literatura y derecho: sobre Rayuela

Comentario sobre el artículo de opinión de Paúl Córdova sobre los lazos entre derecho y literatura

En el artículo de opinión escrito por Paúl Córdova hay un par de líneas con las que estoy en desacuerdo. Es bastante conocida la relación que existe entre la literatura y el derecho, a la que se refiere Paúl. Sin embargo, en la novela Rayuela de Julio Cortázar, ninguno de los personajes busca “orden y coherencia” como se indica en el artículo.

Ambos protagonistas, la Maga y Oliverio, tienen formas muy individuales de buscar sentido a sus vidas. De hecho, la Maga tiene la virtud de no tener que buscarlo, ella vive el presente con instinto y espontaneidad. Oliverio, está de algún modo atrapado en sus ideas, pero tiene la conciencia de que no es el conocimiento lo que lo hará libre. De hecho, sospecha que el conocimiento lo apresa.

Otro de los personajes, Morelli, dice que la literatura debe ser una invitación a que el lector padezca y sea compañero del escritor. Eso hace Cortázar. En mi opinión, el libro Rayuela narra el padecimiento de Cortázar por encarar la vida con ligereza. De manera más exacta, el esfuerzo de Cortázar por someter su erudición a un espíritu lúdico e impredecible. Si se toma en serio las palabras de Morelli, Cortázar –a través de la escritura de Rayuela- pasa de ser Oliverio a ser más como la Maga.

La (des)estructura de la novela lo evidencia: saltan los capítulos, sobra el humor y lleva el título de Rayuela: un juego. Un juego donde el gozo está en la imprevisibilidad del destino de la piedra que es lanzada al casillero o de si pisas o no la línea al saltar. Rayuela rompe con la forma de hacer literatura de esa época. Pero sobretodo, Rayuela libera al propio Julio Cortázar. El derecho es mucho menos.

Mientras Oliverio tiene una autocrítica fuerte sobre el sentido de su vida, el derecho cree tener la capacidad de encontrar el sentido de vida de toda la población. Es la arrogancia andante. “Soy el resultado de un contrato social”, “represento los más altos valores de la sociedad”, se dice el derecho a sí mismo. La sobrestimación que tiene el derecho de sí mismo es parte de sus pilares teóricos. Pilares que no han cambiado ni con el paradigma liberal, ni con el neoconstitucionalismo, ni con el constitucionalismo popular. El derecho no tiene duda de lo que hace y sólo proyecta seguridad jurídica. Es árido.

Juntar ingredientes, como la literatura, a la discusión jurídica es valioso. En Rayuela, afirma Morelli que “no se puede denunciar nada si se lo hace dentro del sistema al que pertenece lo denunciado. Escribir en contra del capitalismo con el bagaje mental y el vocabulario que se derivan del capitalismo es perder el tiempo”. Así que la crítica que se alimenta desde fuera de lo jurídico puede ser muy explosiva, si no para liberar el derecho, al menos para liberarnos a nosotros mismos.

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