Aguas termales de Oyacachi

Oyacachi, un buen lugar para comenzar

Fin de año en las aguas termales de una comunidad

La oscuridad impedía que viéramos los letreros que indican el camino. Pero la luna creciente hacía posible observar la profundidad del páramo, las lagunas que lucían como manchas negras tenuemente iluminadas, y un extraño vapor que ascendía detrás de una montaña. Tras dos horas de estar perdidos, regresamos a la última casa que tenía un foco prendido, preguntamos y retomamos el camino correcto a Oyacachi, una comunidad andina que pertenece a la provincia de Napo.

Oteamos las calles del pueblo que estaban vacías, salvo por una multitud que nos atrajo. Un hombre con megáfono anunciaba las reglas de la carrera: los cinco equipos tenían que hacer cuatro vueltas. Cada equipo tenía cuatro competidores que tenían que saltar con los pies atados. El señor decía las reglas en español, pero todos se comunicaban en kichwa. Incluso él, cuando no usaba el aparato. Era el 31 de diciembre, faltaban dos horas para que se acabe el año y había más competencias. En Oyacachi se despide el año con juegos comunitarios.

Con mi amigo preguntamos a los espectadores si alguien podía darnos acceso a las aguas termales de la comunidad. Edison, encargado de las termas, fue a buscar las llaves y una caja de fósforos que habíamos olvidado para cocinar. Las piscinas están junto al río que rodea al pueblo, son cinco y cuando llegamos estaban humeantes y verdosas, como esperándonos.

Nos llamó la atención el diseño creativo de las piscinas y las facilidades de lugar. Edison indicó que las personas de la comunidad construyen y diseñan las piscinas, en realidad, en Oyacachi todo es en comunidad. El territorio es de propiedad comunal, incluyendo a las termas, las ganancias de las termas, la caja de ahorro y crédito, el almacén de artesanías y la asociación de piscicultura son comunales. Cuando no es feriado, las personas de Oyacachi vienen las tardes a las piscinas a descansar y conversar, comenta Edison.  La comunidad no sólo es un asunto de la propiedad, también es un asunto de estar.

Armamos la carpa en un lugar cubierto y plano, en el techo pusimos una careta de Lucio Gutierrez, para recordar que era fin de año. Comimos bocadillos y conversamos, hasta que vimos en el reloj que la media noche ya había pasado. No hubo juegos pirotécnicos, ni ruidos que nos advirtieran. Nos dimos un abrazo retrasado y nos sumergimos en las aguas.

Pasar del frío del páramo al agua termal interrumpe por un instante la existencia, como el orgasmo, exquisito.  A veces me paraba para decir en voz alta mis propósitos para este año, pero mi tocayo flotaba dormido. El silencio me callaba y nuevamente me sumergía. Así pasamos horas bajo una tranquilidad uterina.

Cuatro horas más tarde, a eso de las siete de la mañana, los bañistas llegaban y gritaban. Levantamos la carpa y nos dirigimos a Maucallacta (pueblo viejo) donde anunciaban unas ruinas. Encontramos una casa antigua, más bien arruinada, la sostenían tres anchas paredes construidas con piedras planas y unidas con barro. Alrededor de la casa había un cementerio que parece no ser antiguo. Algunos ataúdes están sobre la tierra, cubiertos de cemento. Hay rectángulos pequeños: ataúdes de niños, muertos hace poco tiempo.

Río Oyacachi
Río Oyacachi

En la misma vía encontraríamos el lugar en el que –según la creencia- apareció la Virgen del Quinche. Está a diez kilómetros del pueblo, en un camino rodeado de bosque andino, en el que los árboles deshojados están cubiertos de musgo. A medida que se desciende, la vegetación se hace frondosa y los ríos más torrentosos. Tras una curva, en una pequeña planicie, reposa una imagen de la Virgen. Debajo de ella descansan fotografías que devotos han puesto para su protección, supongo. Un letrero pide que el visitante rece o tenga actitud meditativa, el lugar estimula sosiego.

A nuestro regreso nos impresionaron las casas de madera, tan agradables frente a los bloques de cemento que hay en otras comunidades andinas. Visitamos el almacén de artesanías. En Oyacachi el 17% de las personas se dedican a la elaboración de bateas, cucharas, bandejas y asientos.

Al irme sentí que todo lo que vimos concuerda, las artesanías, el pueblo antiguo, la Virgen, las casas de madera, las termas y el bosque andino. Más allá de los objetos, en la comunidad hay cierta estética, incluso cierto misticismo.

Si quieres ir

Si quieres ir a Oyacachi, debes seguir el camino a Cagahua, antes de llegar a Cayambe. A partir de ahí se sigue un camino de segundo orden durante cuarenta kilómetros hasta llegar a un punto de control, a quince minutos se encuentra la comunidad.

En auto privado el viaje dura tres horas aproximadamente. Si no se va en auto, se puede ir en bus y  alquilar una camioneta en Cagahua.

Oyacachi está dentro de la Reserva Ecológica Cayambe Coca. En sus alrededores habita el oso de anteojos, animal emblemático de la comunidad.

Hay sitios de hospedaje desde 12 dólares, pero también se puede acampar. Se recomienda ropa abrigada.

Teléfono del hospedaje: 06-2-991846

Página web de la comunidad: http://www.oyacachi.org.ec/

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s