Pronunciar África

Reseña del libro The Shadow of the Sun de Ryszard Kapuściński

Los relatos Kapuściński sobre África suelen comenzar así. Primero, el hostil ambiente: el sol del desierto que tiene a todos rendidos como lagartijas bajo la sombra o el follaje del bosque que oculta peligrosas bestias o mosquitos que transmiten malaria. Enseguida se lee un nombre desconocido o del que tengo una mínima referencia, Kampala, Nouakchott o Acra. Entonces sus crónicas, reunidas en el libro The Shadow of the Sun (Penguin 2001), pueden ir a cualquier parte.

En Acra describe un bus repleto en todos sus asientos. La estructura es de madera, hay un techo, pero no tiene carrocería a los lados. Lleva pintados cocodrilos, árboles, serpientes y miles de pájaros: “kisch, but full of imagition and life”. También tiene frases escritas en el techo con connotaciones místicas como “Dios es misterio”, o más ligeras cómo “dime que soy hermoso”. Cuando Kapuściński (o simplemente “K”) pregunta a qué hora sale el bus, le responden que saldrá cuando se llene. Aquel bus me traslada sin dificultad a una ranchera en la costa ecuatoriana. El nombre de Acra, en Ghana, de repente se me hace tan familiar.

K, uno de los periodistas más importantes del siglo pasado, tiene su mirada en la rutina y sus oídos en las voces que gritan en los mercados o susurran en callejones. Se aleja de las zonas seguras de las capitales africanas a las que muchos reporteros y exploradores limitan su “experiencia africana”. K sale del hotel, arrienda un departamento en un barrio pobre, se enferma, le roban, lo maltratan, el hambre y el calor lo acompañan, y más de una vez pisa los talones de una masacre y siente el calor de cientos de cuerpos recién asesinados.

Pero es en la simpleza de frases como “el bus sale cuando se llene”, con las que K gatilla sus especulaciones antropológicas, siempre persuasivas. Sentado en el bus, viendo a los pasajeros esperar inmutables, K propone que para el europeo el tiempo es algo exterior, algo absoluto “de lo que depende y a lo que está sometido. Tiene que cumplir fechas de entrega, días, y horas.” Para el resto de pasajeros, el tiempo es “más abierto, elástico, y subjetivo. Es el hombre que influencia al tiempo, su forma, su curso y su ritmo”. Tras dos horas de espera, el bus salió de Acra.

Aunque K siempre enfatiza en la diversidad del continente, también traza  rasgos comunes que son reveladores. África tienen una inmensa población infantil. Son ellos mayoría en los campos de refugiados, son niños los que en las mañanas buscan el agua durante la madrugada, quienes trabajan en el campo, incluso gran parte de temibles ejércitos son, después de todo, infantiles. Es un continente de caminos largos y carreteros cortos, incompletos. Se camina huyendo de la sequía, de la guerra o del hambre. Un lugar de constante movimiento bípedo, en el que la fortuna y la tragedia, están marcadas por la relación con lo espiritual, que es lo que define tu bienestar en la tierra.

Un continente que es un sustantivo compuesto. Por lugares como Monrovia, Liberia, donde esclavos de los Estados Unidos fueron devueltos a África en el siglo XIX. Una vez liberados, formaron fervientes iglesias bautistas y metodistas,  esclavizaron a la población negra originaria y gobernaron con un partido único 111 años. Un continente compuesto en su interior por montañosos paisajes, como los de Rwanda, en los que en 1994 cientos de miles (quizá un millón) de tutsis murieron atacados por el ala más radical y poderosa de los hutus. Se usaron muchas armas domésticas: machetes, martillos y palos,  de tal modo que  “toda la nación esté unida en el crimen” ,pensaron quienes dirigieron la masacre, así la culpa estaría compartida . Hacia el este, Etiopía, donde en el verano de 1991 huyó su líder y al siguiente día su poderoso ejército de 400.000 hombres, se convirtió en una gran masa de mendigos con una Kalashnikov en una mano y con la otra pidiendo comida (los lumpenmilitariat).

Las crónicas de K cubren un período de cuarenta años, en los fue testigo de la realidad colonial de deferencia a los blancos, la esperanza por la independencia de los años ’60, las guerras intestinas de los ’70 y ’80 cuando grupos étnicos disputaban el poder de los nuevos estados, la urbanización descontrolada y las crisis humanitarias de los ’90. Pero por debajo de los sucesos del continente, The Shadow of the Sun narra realidades específicas e interminables de países, etnias, ciudades, clanes y personas, que son las que, después de leer el libro, te permiten sentir que por fin puedes pronunciar África.

Nota:  En español el libro fue publicado por Anagrama bajo el título Ébano (2000).

 

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