12 de octubre: salir del ping-pong

Una estrategia distinta para conmemorar el 12 de octubre

Veíamos Quito a través un ventanal en el barrio La Floresta. La llegada de los españoles ha hecho tanto daño, le dije. “Es verdad, lo que pasó hace quinientos años…”. Interrumpí con un gesto y completé: “me refiero a la llegada de los españoles en estos últimos cinco años”. Estallamos de risa con mi amigo madrileño, que hace un par de años había llegado al país.

La reciente migración de españoles a Ecuador tuvo el afortunado efecto de romper la forma en que nos relacionábamos. Dejamos de ser la antigua colonia que envía a la metrópoli migrantes en aprietos económicos. Se desnaturalizó aquella relación en la que España siempre mantenía el carácter de centro y nosotros de periferia. Tras la crisis económica del año 2008, miles de españoles vinieron a buscar trabajo a nuestro país y algunos hasta el amor hallaron.

Pero este remezón en nuestra relación con España no ha bastado. Cada 12 de octubre aparecen las clásicas reivindicaciones sobre lo muy hispanos o lo esencialmente indígenas que somos. Unos agradecen a la madre patria porque nos ha dado la lengua y la religión, otros denuncian que la conquista no ha terminado. Ese ping-pong de tufo racista durará hasta la media noche y esperará reactivarse hasta el próximo año.

Podríamos politizar la conmemoración del 12 de octubre con una estrategia distinta: pensemos lo que ha sucedido en los últimos setenta años. En 1950 un 50% de la población era indígena en Ecuador, actualmente es menos del 10%.  Algo pasó en estos años y no hemos hablado.

El silencio tiene mil formas. Está en los médicos que prohibían a las mujeres dar a luz con parteras y usar sus ungüentos. En los profesores que reprendían a los niños indígenas por no hablar propiamente el castellano. En los funcionarios que hacían esperar el último turno a los que cargaban poncho. En los dueños de discotecas que reservaban el derecho de admisión a quienes no fueran tan blancos. En los padres que pedían a sus hijos no se mezclaran con gente de piel oscura. En los indígenas que se mudaron a la ciudad porque no hubo agua o tierra para seguir cultivando. Tantas son las formas en las que Ecuador se ha ido “blanqueando” y de cuáles no hemos hablado.

En nuestras familias y en nuestra propia piel podemos darnos cuenta que tras la guerra de conquista, que terminó hace cuatrocientos años, prosiguió un proceso de blanqueamiento que no ha terminado. Reflexionar sobre ello, discutir y expresar puede ser una manera de conmemorar los 500 años sin pasividad, ni complejos.

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