Concha Jacobina que indica la dirección hacia Santiago de Compostela

Velocidad Nooteboom 

Reseña del libro El desvío a Santiago de Cees Nooteboom

El escritor neerlandés Cees Nooteboom es autor de veinticuatro libros de viajes que dan cuenta del tiempo que le tocó vivir y la huella que el mundo dejó en él. Lo imagino en movimiento constante: llegando a casa, deshaciendo la maleta, lavando la ropa y volviendo a empacarla aun húmeda para salir otra vez. Pero entre tantos destinos, España fue el que repitió una y otra vez. Los relatos de sus visitas entre 1981 y 1992 dieron forma al libro El desvío a Santiago (Siruela, 1993) y retratan lo inagotable que es España: la judía, la mora, la cristiana, el imperio, la contemporánea, la vasca, la catalana, la gallega, la andaluz, la aislada. Sobretodo lo último.

Cees Nooteboom, nació en La Haya, 1933
Cees Nooteboom, nació en La Haya, 1933

España siempre ha estado detrás de los Pirineos, retrasada del tiempo que gobierna al resto de Europa, piensa el escritor. Un apreciación que se refuerza por su erudita observación de las huellas del pasado. En Andalucía recuerda los tiempos de Al-Andalus en los que musulmanes, judíos y cristianos se aceptaban y se enriquecían de cada tradición. En Santiago de Compostela es ciego a los turistas de hoy que hacen la ruta durante vacaciones. Nooteboom insiste en transportarnos a sus inicios, cuando peregrinos de toda la cristiandad -por voluntad o penitencia- viajaban largas distancias y abandonaba todo por tiempos inciertos. Siempre mira atrás nostálgico, en el rostro del mesero recuerda a Manolete. El más grande torero español que murió de una cornada: “tenía una cara como la de un santo, pálido, con ojos despiertos que sólo se distrajeron una vez”.

A diferencia de otros cronistas, como Ryszard Kapuchinsky, Nooteboom no nutre sus relatos de los diálogos con personas que cruza en su camino. Como nórdico y autista, se define así mismo. Quizá la inhabilidad para tratar a la gente -que no se debía al idioma- al mismo tiempo que su obsesión con el pasado hace que se identifique tanto con Jorge Luís Borges. De su muerte se entera en España y afligido escribe: “Nunca consiguió el Premio Nobel, y es una pena para el premio, pero se merece algo mejor. Alguien tendría que bautizar una estrella con su nombre”.

captura-de-pantalla-2017-01-11-a-las-13-02-08
El desvío a Santiago, Ediciones Siruela

El mismo Nooteboom ha estado nominado varias veces para el Nobel por su poesía, sus novelas y sus crónicas de viaje, géneros que entremezcla de cuidada manera. Sus viajes han dado lugar a novelas, como Phillip y los otros o Perdido en el Paraíso. Mientras que ciertos relatos de España son ensayísticos: la noticia de la muerte de un etarra en televisión, se transforma en una reflexión sobre qué debe hacer el gobierno ante los actos fúnebres que reivindican la ideología de un terrorista. Además, su prosa tiene continuos trazos poéticos y compara la calma del volcán Teide con “la de un monje que quiere olvidar la violencia de su pasado”.

En El desvío a Santiago hace una apuesta alta por la arbitrariedad.  El libro es distinto  de los relatos de viaje de Stefan Zweig a la Unión Soviética (en 1928) y de Susan Sontag a Vietnam (1968). Estos textos nacen de la necesidad de testimoniar hechos históricos, la revolución y la guerra respectivamente, por fuera el lenguaje de propaganda imperante. Por el contrario las crónicas de viaje de Nooteboom no siguen una ruta definida. Su guía son los desvíos: “la palabra camino en mi caso nunca podrá significar otra cosa más que desvío, el laberinto eterno hecho por el propio viajero que siempre se deja tentar por un camino lateral”. Los  lugares que visita, los asuntos que comenta son aleatorios y muchas líneas escudriñan sus crisis existenciales.

Esta arbitrariedad puede molestar, pero al mismo tiempo da al libro un carácter impredecible y hacen de Nooteboom un compañero de viaje siempre cambiante y real. A veces un viejo hermoso, un solitario al que provoca abrazar o un sabio que devela lo que España es.

Escribe Nooteboom que en casa, en los Países Bajos, siente “una fugacidad, una inconstancia neurótica, como si absolutamente todo tuviera prisa por liberarse de su propia historia”. En España se aquieta esa ansiedad. En las últimas páginas se describe a sí mismo oteando un paisaje desierto en el que sólo se observa un árbol. Entonces se pregunta que le hace volver tanto a este país y se limita a decir: “esto es lo que quiero, lentitud”. Nooteboom ha dicho que viaja para conocerse a sí mismo, quizá viaja para sanarse también.

 

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s