Hegel según Jakob Schlesinger, 1831.

Hegel, filosofía bajo presión

Reseña de la biografía de Georg Wilhelm Friedrich Hegel (1770-1831)

Hegel aparece una y otra vez detrás del telón, observando un espectáculo del que parece conocer el guión. Karl Marx, los miembros de la Escuela de Frankfurt, Antonio Negri, Judith Butler, Costas Douzinas, Slavoj Žižek y otros teóricos críticos implícita o explícitamente están en diálogo con él. En mi interés de aproximarme al autor, he decido leer la biografía titulada a secas Hegel, escrita por el francés Jacques D’Hondt (Tusquets, 2013). El argumento en el que insiste el libro es que el filósofo alemán siempre escribió bajo presión.

Las presiones que sufrió durante su vida (1770-1831) van desde la precariedad económica hasta la guerra que estalla a su alrededor. A sus treinta años vivía en la ciudad de Jena y en su calidad de profesor ‘extraordinario’ no recibía salario, sino las contribuciones que los estudiantes voluntariamente le podían dar. No dejó que la escasez lo perturbara y volcó su energía para escribir un libro que contenga la ‘novedad hegeliana’: la Fenomenología del Espíritu (en 1806). Tenía 36 años cuando lo terminó, las tropas  francesas invadían la ciudad, guardó sus manuscritos en sus bolsillos y buscó refugio. El 13 de octubre, un día después de la batalla por al ciudad, Hegel encontró a Napoleón Bonaparte en la calle y escribió: “He visto al emperador ‘esa alma del mundo’ salir a la ciudad para reconocer el terreno; efectivamente, es un sensación maravillosa ver a un personaje así concentrado en un punto, montando a caballo, extenderse por el mundo y dominarlo”.

Hegel, como su generación, estuvo marcado por la Revolución Francesa y celebraba cada 14 de julio su aniversario. Sin embargo, las tropas francesas fueron expulsadas y en la restauración en Prusia llevaron  a Hegel a ser más cauto. Es por la originalidad de su filosofía y su cautela en lo político que el ministro de educación prusiano Karl Altenstein -de tenencia política liberal-  lo invitó a dar la cátedra de filosofía en Berlín en 1819. En esa ciudad llega a la cumbre de su reconocimiento académico, pero pasa a estar más vigilado y en ocasiones arriesga el pellejo.

La censura detuvo la publicación del libro Filosofía del Derecho un año (entre 1821 y 1822) y luego modificó su texto Reformbill en 1831. En 1825 le obligaron a que su asistente más cercano, Eduards Gans, dejara de dar clases porque ‘convierte en republicanos’ a los alumnos. En 1826, un vicario que asistía a sus clases para vigilarlas levantó su protesta cuando Hegel se burló de la concepción de eucaristía de la iglesia católica. Estaba chequeado e incomodaba. El 27 de agosto de 1826 artistas, profesores y estudiantes celebran el cumpleaños del filósofo a lo grande y la prensa cubrió el evento. Al siguiente día el rey emitió una orden prohibiendo a los periódicos hacer cobertura de ‘fiestas privadas’.

¿Pero qué planteamientos en Hegel provocaban esta sospecha por parte de la monarquía? Para Hegel la monarquía debía ser constitucional y en Prusia no lo era. El carácter constitucional de la monarquía obligaba al rey a justificar sus actos de conformidad a derecho, defendía Hegel. Además, el filósofo hace notar que el gobierno “reposa sobre el mundo de los funcionarios” quienes son el elemento sustancial del Estado -su razón- y la decisión del monarca se vuelve un acto formal, es “poca cosa”. En palabras de D’Hont: “El rey hegeliano reina, pero no gobierna”.

El filósofo usaba su artillería teórica para minar la legitimidad y efectividad de la monarquía con sutilidad, pero había más razones para sospechar de él. La biografía de Jaques D’Hont, considerado el mejor especialista francés en Hegel, es la primera en estudiar sus actividades clandestinas. Tuvo estrecha relación con miembros de la Burschenschaft, una asociación de estudiantes liberal perseguida por las autoridades de Prusia. Visitó a opositores políticos en prisión. Escribió, en una ocasión, una carta de respaldo a un filósofo francés sospechoso de hacer actividades políticamente ilícitas (Asunto Cousin) y pedía a sus corresponsales que se abstengan de hablar de política cuando temía que su correspondencia estába siendo abierta.

hegel

Lo que debemos recordar es que en la Prusia de inicios del siglo XIX se perseguía a liberales y republicanos con ferocidad. Es allí que Hegel mantuvo una moderada  pero constante postura de oposición teórica y política a la monarquía. Insulso puso en riesgo su libertad en ciertas ocasiones. No era un filósofo radical, midió sus dichos y fue protegido por personajes liberales dentro del gobierno como el ministro de educación que lo puso en el cargo de profesor. Sin embargo, D’ Hont  es convincente en demostrar que es un craso error calificarlo como “filósofo del estado” o “ideólogo de la monarquía absoluta”, como ha sido tildado anteriormente.

Hay otros rasgos de Hegel que conviene anotar si uno se quiere leer sus textos. Existen muchas críticas sobre su exaltación del Estado, pero se debe tener en cuenta que nació en un territorio conformado por 300 reinos minúsculos (que después se convertirían en Alemania) y gobernados por monarcas despóticos. La unión de Alemania y el sometimiento del gobierno a la Constitución se perfila entonces como una salida a esa situación.

La biografía nos muestra también que el análisis de la dialéctica entre el amo y el eslavo en la Fenomenología del Espíritu se alimenta de una experiencia personal. Una vez que terminó sus estudios en un seminario protestante, Hegel no pudo seguir una vida académica, por lo que decidió enseñar a hijos de familias nobles y por defecto pasa a ser parte de su servidumbre. Posiblemente, ese capítulo de la Fenomenología es tan real porque se alimenta de los desprecios que el filósofo recibió al ser parte de ese estrato o de la ‘chusma’, como dicen los historiadores.

D’Hont cita a Nietzsche cuando dice que “el pastor protestante es el antepasado de la filosofía alemana”. Hegel se formó en el seminario protestante de Tubinga y sus exploraciones teóricas se vieron acompañadas por el lenguaje religioso y filosófico, uno más accesible y otro más restringido. Citando a Homero para tratar el asunto del ‘doble lenguaje’ explica el filósofo: “hay ciertas estrellas que tienen dos nombres”. Sin embargo, para Hegel era claro que el protestantismo no era suficientemente idealista.

La exhaustiva investigación de D’Hont identifica las vivencias que marcarían los cimientos del edificio teórico que construyó el filósofo. Evidencia cómo la actitud crítica de Hegel se moderó o encubrió porque siempre actuó y escribió bajo presión. Hegel, la biografía, es una estrategia para merodear a un filósofo escurridizo que nos sigue afectando  hoy.

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